Desde sus inicios, la Argentina se debatió en un modelo de país que siempre osciló entre la civilización y la barbarie. El curso de la gesta de mayo, consolidada con la declaración de independencia en 1816, sumado a la presidencia de Rivadavia, intentó darle un curso institucional que la llevara a la modernidad. Sin embargo, siempre existieron fuerzas reactivas, representadas en los caudillos que tenían una concepción medieval, por la cual veían a sus provincias como feudos propios, y solo aceptaban formar parte de la Confederación Argentina en tanto esta unidad nominal, como la de los reyes del medioevo, no afectara sus intereses y prebendas.
Esto produjo una puja en cuanto al modelo de país, que se cristalizó en la aparición de dos partidos: unitarios y federales. Respecto a los primeros, la historia oficial suele explicar que el unitarismo era el centralismo porteño, concentrado en el poder que a estos le brindaba al puerto. Pero en realidad, los unitarios, buscaban la unidad efectiva, que terminara con la endeblez del modelo confederal y generara una república fuerte y unida, como eran los Estados Unidos.
Los federales planteaban que nunca se constituyera un foco de poder central que perjudicara sus intereses provinciales ni el liderazgo que los caudillos ostentaban. Pero disfrazaban esta concepción, de un país abierto e igualitario para todos.
Para comprender que los unitarios jamás enarbolaron un proyecto de centralismo porteño sino la unidad efectiva del país, es el hecho de que tenían partidarios en todas las provincias, algunas de gran importancia como era Córdoba. Nadie puede creer que estos partidarios del unitarismo de las provincias, promovieran centralizar el poder para potenciar a Buenos Aires y su puerto en contra de sus propios intereses.
Es claro para cualquier analista que salga de la matriz histórica impuesta, que de haber sido cierto que el modelo unitario sólo buscaba potenciar y privilegiar a Buenos Aires, jamás hubiera contado con partidarios en las otras provincias.
Si queremos conocer quien encarnó esa visión interesadamente distorsionada y falseada de lo que en verdad eran las ideas unitarias, hay que observar a la tiranía de Rosas, que se decía federal. No hay dudas de que todo el gobierno rosista representó la idea que los federales tenían o querían trasmitir, de lo que supuestamente era el modelo unitario.
Pero ese modelo, no fue impuesto por los unitarios, sino por el “federal” Juan Manuel de Rosas. Lo opuesto al verdadero modelo republicano de los unitarios.
La dictadura rosista, no hizo más que llevar a toda la confederación argentina, las tiranías que existían en las distintas provincias a manos de los caudillos. Estos terminaron por apoyar a Rosas debido a la ley de aduanas, que fue una suerte de coparticipación que el tirano hizo de algunos de los recursos del puerto de Buenos Aires con las provincias.
El modelo entró en crisis cuando el desarrollo de determinadas provincias, en especial las de la Mesopotamia, entró en conflicto con los intereses de Buenos Aires. Y no fue casual que el gobernador de Entre Ríos encarnara la rebelión contra Rosas, a quien derrotó en la batalla de Caseros.
Urquiza tenía un modelo verdaderamente federal, pero que estaba sustentado en un republicanismo auténtico. Promovió la constituyente que le dio al país su primera carta magna, y sentó las bases para la organización política y jurídica de la Argentina moderna.
Sin embargo, el modelo rosista había dejado en el medioevo a las provincias en contraste con el desarrollo de Buenos Aires. Ese desequilibrio se traduciría en nuevos conflictos, que retrasarían la unidad efectiva hasta 1860.
En poco más de treinta años, la Argentina pasaría de la barbarie rosista a un modelo asentado en el pensamiento de Alberdi que la convirtió en una potencia mundial a partir del proyecto de la generación del 80´.
Pero como todo proyecto, el mismo tuvo desgastes, que se expresaron en ciertos atisbos de corrupción y la incapacidad de derrame de la gran riqueza que tenía el país a todos los sectores sociales.
La Unión Cívica fue el intento de transparentar y democratizar el sistema político, que tuvo como líderes a figuras de la talla de Leandro Alem y Bartolomé Mitre. Pero este último, no se comprometió del todo en el cambio de régimen, y produjo una ruptura de la Unión Cívica que, a la postre, sería fatal.
El sobrino de Alem -que había sido comisario-, empezó a tomar control de la fuerza renovadora de la Unión Cívica que, a partir del cisma con Mitre, se denominó “radical”. Yrigoyen tenía una visión bien diferenciada de Alem, y concebía el poder en términos personalistas, el mismo modelo de los caudillos, pero adaptado a los nuevos tiempos. Esto generó la ruptura de Yrigoyen con Alem, y que este último se suicidara.
Salvo por la presidencia de Alvear, el yrigoyenismo volvía a la prosapia federal caudillista, que fue el principal motivo del golpe de 1930.
La falta de institucionalidad o el mismo fraude que empezó a darse en la década del treinta, terminarían por debilitar el modelo, aspecto que aprovechó alguien que iba mucho más del paradigma caudillista del siglo diecinueve, sino que adoptó las ideas del fascismo italiano.
Aunque las elecciones de 1946 suelen considerarse, en general como legítimas, tenían el vicio de origen de que quien las ganó, había sido parte del gobierno de facto que llegó al poder derrocando al gobierno de Castillo en 1943. Y estaba claro que Perón, que en esos años acumuló demasiados cargos, entre ellos el de secretario de trabajo y previsión tanto como la vicepresidencia, utilizó todos los recursos del estado para auto promoverse; lo que llevaría a varios de sus compañeros de armas a solicitarle la renuncia, que culminó en su arresto y la posterior jornada del 17 de octubre.
Aunque Perón pudo tener algún grado de legitimidad de origen, ciertamente la perdió en su gestión, que dejó de tener un carácter republicano y lentamente se transformó en una dictadura. Mientras el régimen conservador derrocado gestionaba en forma republicana el gobierno, aunque sin libertades el día de las elecciones, el peronismo tenía un único día republicano que eran las elecciones, y todos los restantes actuaba como una tiranía.
Aunque el justicialismo suele plantear una línea histórica que refiere a San Martín, Rosas y Perón. Lo cierto es que su modelo es el de los caudillos feudales y la tiranía de Rosas.
El problema es su faceta metamórfica: fascista en los cuarenta, terrorista guerrillera en los setenta, y estalinista a partir de 2003. Su ADN barbárico, le permite adoptar cualquier rostro y desarrollar cualquier política, sea esta de izquierda o de derecha, estatista o privatizadora. Pueden ser cualquier cosa, y eso los habilita a que la mayoría de sus gobiernos de pésima gestión, no sean reconocidos por no tener el supuesto carácter “peronista” que en verdad nadie nunca explicó exactamente qué es.
Hoy vuelven a constituirse estos dos modelos: el de la multiprocesada triplemente condenada Cristina Kirchner, que representa la barbarie de los caudillos, y el de la regeneración del 80´, que encarna el presidente Javier Milei.
El esperpento metamórfico tamizado en kirchnerismo, empieza a sentir, por primera vez en su historia, que su tiempo político se difumina, y que quien esperaban que fracasara muy pronto bajo sus influjos, se consolida cada día y obtiene resultados económicos impensables, luego de la tierra arrasada y la destrucción heredada del triunvirato Alverso Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa, que tuvieron la particularidad de combinar como resultado al entregar el gobierno, los peores episodios históricos de la historia argentina: como fue combinar el rodrigazo, la hiperinflación alfonsinista, y la crisis del 2001.
Estas tres pestes combinadas en una sola, fue lo que el kirchnerismo le legó al nuevo gobierno. Y pese a ello, las fuerzas de la barbarie siguen con sus bravatas, sus intentos desestabilizadores, y su amenaza violenta de volver a una clandestinidad destituyente que chantajea con utilizar la violencia de los setenta, que es la vieja barbarie caudillista.
El voto de los argentinos en el mes de octubre, la alerta ciudadana frente a la montonera de los caudillos y la fortaleza de las instituciones, definirán el modelo de país por las próximas décadas…





